Muchos pastores ya tienen material para un libro: una serie de sermones que ayudó a la gente, predicada durante seis u ocho semanas. Convertirla en libro no es tanto escribir algo nuevo como cambiar el medio: del oído a la vista.

Empieza con una serie y un lector

Elige una serie con un tema claro y una persona concreta en mente: un nuevo creyente, una madre en duelo, un líder cansado. Cada capítulo debe ayudar a ese lector a dar un paso.

Reconstruye los sermones como capítulos

  • Una gran idea por capítulo, dicha en la primera página.
  • Quita lo que solo funcionaba en el templo: anuncios, bromas internas, respuestas del público.
  • Mantén las historias, pero cuéntalas completas; el lector no ve tu cara.
  • Termina cada capítulo con una pregunta, una oración o una práctica breve.

Escribe para leer, no para escuchar

Los sermones repiten a propósito para que el oyente siga el hilo. En el papel, la repetición se siente lenta. Acorta las introducciones largas, une los puntos que dicen lo mismo y deja que los subtítulos hagan el trabajo que hacía tu voz.

Revisa las citas y las fuentes

Indica la traducción de la Biblia que citas y comprueba cada referencia. Si usaste ilustraciones o citas de otros autores, mantenlas breves y dales crédito, o reemplázalas por las tuyas.

Publica y deja que la iglesia lo comparta

Un libro de sermones tiene un primer público natural: quienes lo escucharon. Ofrécelo gratis por un tiempo o a un precio bajo, e invita a tu congregación a compartirlo con alguien que lo necesite.